Alejandro Zapata Espinosa: la mirada joven que narra los desastres cotidianos y la vida en los bordes de Itagüí desde una literatura que observa, escucha y resiste

Alejandro Zapata Espinosa (Itagüí, 2002) es licenciado en Literatura y Lengua Castellana por el Tecnológico de Antioquia y maestrando en Educación en la Universidad Santiago de Cali. Su obra se mueve entre la crónica, la observación minuciosa y la sensibilidad por los territorios que habita: barrios, quebradas, casas al borde del invierno, comunidades que resisten desde lo cotidiano. En Relación de los desastres en un sector de Itagüí, Zapata Espinosa captura la vida en un borde erosionado por las lluvias y la incertidumbre. Su escritura, precisa y envolvente, convierte el paisaje en protagonista y revela cómo la comunidad se organiza, se alarma, se acompaña y se reconoce en medio del riesgo. Con una voz joven pero profundamente consciente del territorio, el autor propone una literatura que documenta, que escucha y que devuelve la dignidad de lo vivido.

AGOSTO 2026POESÍA Y NARRATIVA AGOSTO 2026

Revista Cinco sv

8/28/20264 min read

Alejandro Zapata Espinosa: la mirada joven que narra los desastres cotidianos y la vida en los bordes de Itagüí desde una literatura que observa, escucha y resiste

Algo sobre mí

Alejandro Zapata Espinosa (Itagüí, Colombia, 2002): licenciado en Literatura y Lengua Castellana (Tecnológico de Antioquia); maestrando en Educación (Universidad Santiago de Cali).

Relación de los desastres en un sector de Itagüí

Las lluvias que se adelantaron a mayo le tragaron la casa al monje. Encima, en la punta del barranco, cuyo cenit no ha sucumbido, el corral donde ordeñaba vacas Salvador quedó sin dónde hacer un gallinero o escamparse por la noche. De ahí para abajo, el pelado naranja, los grumos de tierra se desperdigan sobre la plancha, los ventanales, y van a encontrarse con el desecho de tierra que tiraron antes de la quebrada.

Hace poco don Jesús, en sus trabajos mañaneros, se puso a cortar matas y palos en el recodo anterior a su gallinero: le da cosa que le lamba más pedazo al monte y le llegue a las vigas, que es como tocarle el nervio a un propietario, hacerle cosquillas en la entrepierna con una daga. No lo saludé, para no desconcentrarlo y para que no enderezara la espalda, y me quedé viendo cómo mellaba a los troncos reventados, cómo abría surco con las botas y tiraba al barranco opuesto a su casa los deshechos.

Más adelante, una ensenada de migajas, de palitos y piedras menudas, permite acercarse al cauce disminuido pero con alientos, preparándose como el niño que guarda en su seno los planes de la diablura.

De vez en cuando pasan dos o tres hombres, o uno solo, con botas y en pantaloneta, a arreglar sus tubos, a taparles las rajaduras o a reconectarlos con neumático de bicicleta. Lo normal es que la consigan en los arregladeros de ciclas y compren o reciban gratis un bolsado para futuros accidentes con las aguas; a veces se los encuentra tirados, pequeños, como serpientes pisoteadas, en el camino que lleva a los tubos, donde todavía se ven perros sobre esponjas abriéndose al sol y donde se cuelga ropa sobre una despulpadora fallecida. Si se encuentran dos grupos, el que tiene el problema más adelante recibe una mano para sostener o adecuar con piedras el remiendo que otra crecida va a deshacer; si son de más lejos, metidos por la vera enmarañada, dando pasos sobre tierra removida y sosteniéndose de matas a cada ascenso, hacen apuesta de que, cuando ellos tengan que volver a subir, los verán igual o más embalados con el tubo: esto para entretenerse.

Como se reunieron los parroquianos de la tragedia del carro de Mincho: lo dejó cerca a la quebrada y en una crecida se lo fue moviendo. Los del grupo comunal mandaron pruebas del avance, de los asombros y las urgencias de los reunidos, unos cuantos que tomaban y otros que no veían la hora de cerrar el negocio, y al rato llegó el dueño, sin camisa ni zapatos ni chanclas, descalzo, con la hija, con tops y sudadera, también descalza: al parecer los cogió el susto encamados, viendo una película o los desabridos, fofos cuentachistes, el arroz de cada sábado por la noche, el aturdimiento de los oídos para irse a dormir trabajados.

Los dos son pequeños y la orden de abrir el puente despojándolo de troncos fue contrariada por la lideresa que, sombrilla y buzo, recomendaba desde un alto no acercarse porque a cualquier momento estallaba. El caso es que fueron viniendo otros, salieron los de las casas cercanas a sus ventanas y a sus corredores, los del bar metido en el caserío bajaron a hacerse los que iban para afuera pero mentiras, y no faltó el que se quedó incomunicado con el basurero de La Verde, afuera, y no les quedó de otra que arrinconarse con los ensombrillados en un oscurito, pegando cuerpo seco y cuerpo goteante, dejándose ver por la respiración cerquita las turgencias de los pechos...

Al rato, la fuerza bomberil hizo presencia y entonces compitió la linterna de rescate con la del maestro de obra, levantado del balcón donde chismosea antes de ocupar su puesto en el camarote conyugal. Realizaron inspección a la quebrada más atrás, a las basuras puestas a su vera y a las casas de Jesús, que parecían cartones obligados a removerse. Luego ayudaron a los que en serio iban a pasar a moverse, recibieron la llave del carro movido y lo aseguraron en un monte, y se fueron con la promesa de que al otro día volvían.

Al final, decepcionados porque el carro no se lo llevó la quebrada y aburridos de ver un monótono irse de la colada, de lo turbio, cada uno cogió camino a su rancho; los perros se entraron por sus puertas, las viejas apagaron el fogón y en las habitaciones los inquilinos veían, antes de cerrar los ojos por cuatro horas, el brochazo de hongo en la pared del cuarto que, con el invierno, se expande hasta el nochero y ya le da su aura a la ropa doblada y en ganchos, a las cobijas que van a reemplazar las sucias con que ahora se acuestan, más cálidas por compactas, por separarlos del frío trajeron dentro y al que darán salida (?) mañana a las tres.

El Pedregal, mayo 17 de 2025

Arte

Promovemos la cultura y el pensamiento crítico.

Conexión

Diálogo

contacto@revistacincosv.com

+50377571152

© 2026. All rights reserved.