Boceto del monumento al comerciante informal: crónica y registro fotográfico sobre la desaparición de oficios, voces y memorias en el Centro de San Salvador

Este proyecto reúne texto y registro fotográfico para documentar la transformación acelerada del Centro de San Salvador y la desaparición silenciosa de quienes lo habitaron durante décadas: comerciantes informales, libreros, hierberas, vendedoras ambulantes, espacios culturales y oficios que sostenían la vida cotidiana del territorio. Las imágenes funcionan como archivo visual: capturan los vacíos donde antes hubo voces, los muros recién pintados que cubren memorias, los corredores desalojados, los mercados desmantelados y la iconografía popular sustituida por una estética oficial. El texto acompaña estas fotografías para interrogar el costo humano de la revitalización urbana: ¿qué cuerpos, qué economías y qué historias quedan fuera del nuevo relato del Centro?

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Dylan Magaña

5/24/20265 min read

Boceto del monumento al comerciante informal: crónica y registro fotográfico sobre la desaparición de oficios, voces y memorias en el Centro de San Salvador

Por Dylan Magaña

La primera etapa del proyecto de revitalización del Centro de San Salvador se propuso devolverle el brillo a las tres plazas del microcentro: plaza Gerardo Barrios (octubre de 2017), plaza Libertad (enero de 2018) y plaza Morazán (abril de 2018), además de remozar algunos de sus edificios, dotándolos de cafés de altura y ciertos espacios donde, podríamos decir, se iniciaba una nueva vida nocturna. También se desinstaló un túnel de comercio informal entre el Teatro Nacional y el KM 0, lo cual parecía necesario para mejorar el flujo peatonal.

Y así, sin una verdadera propuesta gastronómica, sin intervenciones agresivas ni controversiales, pero tampoco restauraciones profundas a edificios y monumentos, la dinámica del Centro revitalizado se desarrolló muy limitadamente: de poniente a oriente, entre el Palacio Nacional y plaza Libertad; y de norte a sur, de plaza Morazán a plaza Gerardo Barrios. Suficiente escenario para la agenda de “eventos para la familia”.

La segunda etapa, en abril de 2021, dejó en total silencio a 1,000 comerciantes de las ocho cuadras entre el parque Bolívar y el Palacio Nacional, en la antes intransitable calle Rubén Darío. Aquí comenzaron a surgir dudas sobre el proyecto de revitalización y la reubicación de las personas comerciantes hacia los nuevos mercados. El enfoque de revitalización parecía dirigirse hacia la “mala imagen” del Centro que, según el discurso oficial, representaban sus comerciantes, así como hacia la contaminación visual del cableado eléctrico, cuyo desmontaje terminó también por borrar rótulos e iconografía histórica del Centro. Las grabaciones de “la uva cholotona”, de “películas a dos coras” y los potentes y singulares cantos de las mujeres vendedoras fueron decreciendo, hasta apagarse.

Esa calle Rubén Darío —“La Darío”— memorable desde que se estacionaba el carretón de panes El Amanecer en el Hula-Hula desde los años setenta, hasta que las películas piratas y los toldos rojos y azules de activaciones y reparación de celulares la sobrepoblaron, había sido borrada del mapa.

En marzo de 2023, el “reordenamiento” alcanzó la zona más poblada de comercio en el Barrio El Calvario, desalojando a más de 3,000 vendedorxs: entre el edificio Bou, el mítico Mercado Negro, las personas hierberas del costado sur de la iglesia, los cientos de puestos que cercaban todo el Mercado Central y la calle de La Amargura. Al mismo tiempo desaparecieron los licuados, la ropa y cientos de productos desde el Mercado Ex Cuartel hasta la nave del Cine Metro. En su lugar, las paredes de los edificios liberados de sombrillas fueron decoradas con grafitis de trompos, torogoces, frutas y vendedoras de tez cobriza.

Vistos como obstáculos en las aceras, dos meses después no fueron vendedores los expulsados de las calles, sino los miles de libros de los alrededores del ex Cine España que, a falta de una biblioteca, constituían la única fuente de acceso a nuestra literatura e historia, desde donde hemos nutrido nuestras bibliotecas con ediciones desaparecidas de los archivos oficiales.

En agosto de 2024, fue el Mer-k-dito Santa Fé: un museo a cielo abierto dedicado al diseño industrial, desde proyectores que pertenecieron a las antiguas salas de cine de San Salvador, hasta televisores de perilla, cassettes Betamax, VHS y todo tipo de cables. Probable futuro estacionamiento del proyecto del Cine Libertad.

En noviembre de ese mismo año, los espacios de recreación e intercambio cultural —mal o bien llamados “chupaderos”—, refugio para centenares de personas, fueron sometidos a una estricta verificación de legalidad. Inicialmente desaparecieron lugares históricos como El Hoyo, fundado en 1985, El Pulpo y la Discoteca El Rey, informándoles con un aviso en sus puertas de “cerrado temporalmente”, sabiendo muy bien sus propietarios que eso significaba su retiro definitivo del Centro de San Salvador. A la fecha, no queda operando ninguno de estos lugares en las 200 manzanas que comprende la delimitación del Centro consolidado.

Lo que siguió a continuación pareció una persecución y negación de la imagen de la pobreza, esa misma que está retratada en grafiti sobre la calle Delgado.

¿Cuál es la credencial necesaria para permanecer y transitar libremente en el Centro que era para todxs?

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