Confesión: un cuento salvadoreño sobre corrupción nocturna, violencia impune y delirios de poder en la San Benito

Confesión, de Fernando Recinos, cierra la edición de julio con una narración feroz y nocturna donde la corrupción policial, el absurdo y la violencia se mezclan con humor negro y un ritmo que no da respiro. Entre coca barata, moteles de paso, fiestas clandestinas y encargos imposibles, el cuento expone la impunidad como paisaje cotidiano y la madrugada como territorio donde todo se negocia. Una pieza que captura la crudeza urbana salvadoreña con lucidez, ironía y una oscuridad que se queda en el cuerpo.

POESÍA Y NARRATIVA MAYO 2026MAYO 2026

Fernando Recinos

6/4/20262 min read

Confesión: un cuento salvadoreño sobre corrupción nocturna, violencia impune y delirios de poder en la San Benito

Ayer detuvimos en la madrugada a un enano que andaba borracho: Nacionalidad: Filipino. Hablaba español correcto.

Nos dio $1000 para que no lo lleváramos preso. Andaba pero zumbado. Después hizo que tomáramos su tarjeta de presentación de la chiche de una señorita que parecía menor de edad. En la tarjeta estaba la dirección del enano. En Santa Elena.

Dijo el enano que si queríamos trabajo: él tenía.

Cualquier día.

Llegen, dijo, siempre hay algo que hacer.

Nosotros nos reímos, con los compañeros.

Dijimos: ¡loco!, ¡pendejo!

Después nos fuimos con los compañeros a conseguir a nuestras propias niñas.

Al rato de estar dando vuelta entre coca, culitos y birria nos acordamos del enano y nos dieron ganas de ir, porque si siempre había trabajo: ¡en la madrugada más!

Y cabal, llegamos y nos abrieron. La mierda es que había fiesta y ahí nos hallamos al jefe, bien zurumbo y que nos saluda, feliz el cabrón de que por fin nos dábamos cuenta de algo.

Apareció el filipino. Nos preguntó si cobrábamos antes o después. Y para no decir nada mejor solo me le quedé viendo a una pata de whisky que tenían por ahí. Me dio esa pata y otra de ron y nos mandó a matar a un español.

Uf, dijimos, pero sabíamos que era buen billete.

El español dizque iba a salir a las 3 de una discoteca de la San Benito pero qué putas, se tardó más y salió con una elegante señorita y ya no teníamos carga para preguntar qué ondas con ella y bueno, los seguimos para ver si vivían separados y así lo matábamos sin testigo, pero no, de seguro cogieron y salieron disparados al amanecer del sábado hacia un motel y dijimos ahora sí, y agarramos el cuarto de la par: perforamos la pared con unas máquinas del Charlie y lo que vimos fue una especie de orgía artística, homosexual de seguro y ya mucho desvergue.

Además que se nos acabó la coca. Mejor desaparecimos y ya no cobramos,

Bueno, solo el whisky.

Nos da pena volver con las manos vacías.

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