¿Cuál es el sentido de estar viva? Lauri Cristina García Dueñas reflexiona sobre la muerte, el amor, la maternidad y el propósito de la vida

A partir de la pérdida de personas amadas, Lauri Cristina García Dueñas reflexiona sobre el sentido de la existencia y el propósito personal. Entre recuerdos, experiencias de vida y referencias a figuras fundamentales de la literatura y el pensamiento, la autora aborda temas como la muerte, el amor, la libertad de elegir el propio camino, la maternidad y la búsqueda de significado. Un texto íntimo que invita a valorar la vida, el presente y los vínculos que nos sostienen.

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Lauri Cristina García Dueñas

9/15/20263 min read

¿Cuál es el sentido de estar viva? Lauri Cristina García Dueñas reflexiona sobre la muerte, el amor, la maternidad y el propósito de la vida

Por Lauri Cristina García Dueñas

Después de la muerte de algunos seres amados, he pensado más que nunca cuál es el sentido de estar viva y cuál es el sentido de mi vida. Por suerte, para mí y para todos, existen los libros y, desde el pasado, algunos de mis autores favoritos me han acercado una respuesta.

Una de mis poetas estadounidenses más queridas Mary Oliver (1935-2019) me pregunta, desde su verso impecable: "Dime, ¿qué piensas hacer con tu única, salvaje y preciosa vida?". Amarme a mí, amar a mis hijos, amar a mi pareja, escribir, acompañar, dejar ordenados mis asuntos. No odiar, no resentir, por ejemplo.

Pienso que, como nos enseñan los budistas, solo tenemos el hoy, el aquí y el ahora y muchas veces lo desperdiciamos siguiendo amistades y amores imposibles, que no nos corresponden, enojándonos y peleándonos inútilmente con familiares o personas.

La muerte nos ronda todos los días, una enfermedad o un accidente pueden acabar con nosotros de un segundo a otro y la egolatría, la soberbia, la avaricia o la envidia no sirven de nada a nadie porque, al siguiente segundo de nuestra muerte, el mundo seguirá girando tal cual. Sin nosotros. No somos imprescindibles aunque sí importantes. Cada vida cuenta. Ya lo dijo el poeta chileno Enrique Lihn (1929-1988): “el mundo está embellecido por su fin tan próximo”. Y la crisis climática lo suscribe.

El sábado, una amiga me contó que estaba indecisa por cuál camino tomar en su vida, a raíz de la lectura que le hice de un fragmento de “La campana de cristal”, de mi querida escritora, también estadounidense, e fallecida injustamente muy joven, Sylvia Plath (1932-1963) donde aparece una higuera, donde cada higo es un camino y una respuesta distintas al devenir de la existencia.

Cuando aún vivía en Ciudad de México, disfrutando mi vida bohemia de joven escritora, conocí, gracias a la poeta puertorriqueña Nicole Delgado, la Poesía VII de Los poemas de Ricardo Reis, del poeta portugués Fernando Pessoa (1988-1935), estos versos me ayudan cada vez que estoy extraviada, se los comparto, son perfectos:

“Nunca la ajena voluntad, aunque grata

cumplas por propia. Manda en lo que haces,

ni de ti mismo siervo.

Nadie te da lo que eres. Que no te muden.

Tu íntimo destino involuntario

cumple amplio. Sé hijo tuyo”.

Muchas veces muchas personas me han dicho qué hacer con mi vida, por suerte, he ignorado a casi todas y he hecho con mi vida lo que me ha dado la regalada gana, privilegio que comparto con pocos, porque en los momentos más oscuros, ante las consecuencias de mis actos, me digo: “Yo lo elegí”. Yo elegí tener dos hijos y por eso, aunque sea tan difícil, me levanto a las 5 a.m. a cuidarlos, a proveerlos.

Allá por el 2018, leí uno de esos libros que te cambian la vida para siempre, gracias a la sugerencia de mi amiga Diana Itzel Díaz: “El hombre en busca de sentido” del psiquiatra austríaco Viktor Frankl.

Él relataba que algunas de las personas privadas de libertad en los campos de concentración nazis se desvivían muchas veces porque no soportaban las condiciones y maltratos de los celadores. El psiquiatra detectó que, quienes insistían en la vida, se aferraban al amor por sus familiares o amigos y al deseo de culminar su vocación u oficio si salían de ahí. También relató cómo un custodio le cedió su último mendrugo de pan, cuando lo vio desfallecer por el frío, el hambre y la falta de zapatos, mientras hacía trabajos forzados. Es decir, en medio de la maldad, hay personas que eligen ayudar a otros, aún sobre su propio bienestar.

Desde la partida de mi madre, Alejandro Funes, Javier Raya y Krisma Mancía (QEPD los cuatro); aprendí, llena de dolor, que este podría ser mi último texto y mi último día de vida, porque soy humana, falible, finita. Estoy hecha de carne y sangre endebles, eso sí, me habita un espíritu bastante indomable.

Sin embargo, pido a las diosas arcaicas y panteístas mucha salud y prosperidad para ver crecer a mis dos hijos que solo tienen 10 años y 6 años. Como dijo la poeta guatemalteca, Isabel de los Ángeles Ruano:

“No soy cobarde

aunque al ángel rebelde

le nazca un fuerte deseo de no morir”.

No quiero morir, quiero vivir, escribir, amar, quiero ver crecer a mis hijos y ver nacer a mis nietos. Ese es, sin duda, el sentido de mi vida. Y a él me aferro cada día.




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