Idea Vilariño: biografía esencial y tres poemas fundamentales para comprender su voz en la Generación del 45

Idea Vilariño: la lucidez que arde en lo íntimo En estos poemas —Tal vez no era pensar, Quiero morir y Un huésped— Idea Vilariño despliega una de sus zonas más radicales: la del pensamiento que se quiebra, la del amor que se vuelve despojo, la del cuerpo que insiste en sentir incluso cuando la vida parece retirarse. Su escritura, siempre desnuda y sin ornamentos, se mueve entre la lucidez que duele y la ternura que apenas se sostiene. Aquí, la poeta interroga el sentido de vivir, el peso de la angustia, la fragilidad del deseo y la soledad como territorio inevitable. Cada verso es una fisura: un lugar donde la conciencia se abre, donde el amor se vuelve pregunta, donde la muerte aparece como tentación y como límite. Esta selección dialoga con la obra mayor de Vilariño y con su legado dentro de la Generación del 45: una voz que nunca buscó consuelo, que eligió la verdad emocional como forma de resistencia y que sigue iluminando la literatura latinoamericana con su intensidad inconfundible.

JULIO 2026POESÍA Y NARRATICA JULIO2026

Revista cinco sv

7/28/20263 min read

Idea Vilariño: biografía esencial y tres poemas fundamentales para comprender su voz en la Generación del 45

Idea Vilariño (Montevideo, 1920–2009) fue una de las figuras más intensas y decisivas de la literatura uruguaya del siglo XX. Poeta, crítica, docente y partícipe esencial de la Generación del 45, su nombre dialoga con el de Juan Carlos Onetti, Mario Benedetti, Amanda Berenguer y Ángel Rama, en ese territorio donde la palabra se volvió una forma de resistencia y una ética de vida.

Publicó su primer libro, La suplicante, en 1945, inaugurando una obra que avanzaría con una lucidez feroz y una sensibilidad desnuda. Entre sus poemarios más celebrados se encuentran Nocturnos (1955) y Poemas de amor (1958), este último convertido en un clásico continental y dedicado al gran vínculo afectivo y literario que mantuvo con Onetti.

Durante más de dos décadas ejerció como profesora de Literatura en la enseñanza secundaria y, tras el retorno democrático, obtuvo por concurso la Cátedra de Literatura Uruguaya en la Facultad de Humanidades. Su mirada crítica, rigurosa y profundamente ética marcó generaciones de estudiantes y lectores.

En los años sesenta, cuando la música popular uruguaya vivía un momento de efervescencia, Vilariño escribió letras que se volvieron parte del repertorio nacional, musicalizadas por Daniel Viglietti y Alfredo Zitarrosa. Su trabajo editorial y crítico también fue decisivo: fue miembro fundacional de Clinamen y Número, y colaboró en publicaciones como Marcha, Asir, Brecha y Plural, además de revistas en México y Cuba. Participó como jurado del Concurso Casa de las Américas y recibió en 1994 la medalla Haydée Santamaría, siendo la primera mujer en obtenerla.

Su obra, traducida a múltiples idiomas, continúa siendo un territorio de revelación: una escritura que sostiene la noche, que piensa el amor sin concesiones, que observa el mundo con una claridad que duele y al mismo tiempo acompaña. Idea Vilariño murió en Montevideo en 2009, dejando una voz que sigue ardiendo en la literatura latinoamericana.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto,
sino darse y tomar perdida, ingenuamente,
tal vez pude elegir, o necesariamente,
tenía que pedir sentido a toda cosa.

Tal vez no fue vivir este estar silenciosa
y despiadadamente al borde de la angustia
y este terco sentir debajo de su música
un silencio de muerte, de abismo a cada cosa.

Tal vez debí quedarme en los amores quietos
que podrían llenar mi vida con un nombre
en vez de buscar al evadido del hombre,
despojado, sin alma, ser puro, esqueleto.

Tal vez no era pensar, la fórmula, el secreto.
sino amarse y amar, perdida, ingenuamente.

Tal vez pude subir como una flor ardiente
o tener un profundo destino de semilla
en vez de esta terrible lucidez amarilla
y de este estar de estatua con los ojos vacíos.

Tal vez pude doblar este destino mío
en música inefable. O necesariamente...

Quiero morir. No quiero oír ya más campanas.
La noche se deshace, el silencio se agrieta.
Si ahora un coro sombrío en un bajo imposible,
si un órgano imposible descendiera hasta donde.

Quiero morir, y entonces me grita estás muriendo,
quiero cerrar los ojos porque estoy tan cansada.
Si no hay una mirada ni un don que me sostengan,
si se vuelven, si toman, qué espero de la noche.

Quiero morir ahora que se hielan las flores,
que en vano se fatigan las calladas estrellas,
que el reloj detenido no atormenta el silencio.

Quiero morir. No muero.

No me muero. Tal vez
tantos, tantos derrumbes, tantas muertes, tal vez,
tanto olvido, rechazos,
tantos dioses que huyeron con palabras queridas
no me dejan morir definitivamente.

No sos mío
no estás
en mi vida
a mi lado
no comés en mi mesa
ni reís ni cantás
ni vivís para mí.

Somos ajenos

y yo misma
y mi casa.

Sos un extraño
un huésped
que no busca no quiere
más que una cama
a veces.

Qué puedo hacer
cedértela.

Pero yo vivo sola.

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