La amistad en el capitalismo tardío: por qué cada vez es más difícil construir vínculos auténticos y duraderos

En este miniensayo, Lauri Cristina García Dueñas reflexiona sobre la amistad en una época marcada por el individualismo, la inmediatez y las relaciones desechables. A través de referencias literarias, culturales y experiencias personales, la autora cuestiona cómo los valores del capitalismo tardío han transformado nuestros vínculos afectivos y reivindica el valor de las amistades que permanecen incluso en los momentos más difíciles.

OCTUBRE 2026ARTÍCULOS Y EDITORIALES

Lauri García Dueñas

10/22/20263 min read

La amistad en el capitalismo tardío: por qué cada vez es más difícil construir vínculos auténticos y duraderos

por Lauri Cristina García Dueñas

Lidia Rivera Ocampo, escritora y actriz salvadoreña, escribió una frase que me partió: “Amamos y odiamos a las personas equivocadas”. Durante días, la frase se incorporó a mi torrente sanguíneo y a mi actividad cerebral, para luego atravesar mi aparato anímico y dejarme con más dudas que respuestas.

Últimamente, he tenido algunos desencuentros con supuestas amistades que me han hecho argüir la hipótesis de que tener verdaderas amigas y amigos es cada vez más difícil porque los antivalores del capitalismo tardío se han instalado en la mayoría de las personas, aunque digan lo contrario y hasta enarbolen supuestos principios comunitarios o de izquierdas. Abunda el egocentrismo, el hedonismo, el narcisismo, la desconsideración flagrante hacia los otros seres que no se pliegan al yoísmo imperante.

Como dijo el abogado salvadoreño defensor de derechos humanos Alejandro Henríquez, en su discurso en el VI Coloquio de Cultura Centroamericana y del Caribe el miércoles 7 de octubre de 2026, pareciera ser que para ser, el otro debe dejar de ser. Aniquilación simbólica. Israel, Palestina.

En cambio, “la patria son los amigos”, dijo el escritor y psicoanalista chileno Javier Norambuena y su frase se ha quedado en mí y me ha servido para atravesar los momentos de mayores dificultades vitales.

“Dubito, ergo cogito, ergo sum”, dijo Descartes, es decir: “Dudo, luego pienso, luego existo”. La duda se sacó de la ecuación, explica la reciente Premio Nobel, la poeta canadiense Anne Carson. Ando dudando del ser humano que somos y soy.

Mi decepción por ciertas amistades que realmente no lo eran, no debiera opacar a las que sí lo han sido y se han mantenido a mi lado en mis múltiples mutaciones, caídas y alegrías.

A veces, como dice Lidia, buscamos la atención y la reciprocidad en las personas equivocadas y desestimamos o descuidamos a quienes sí nos aman tal y como somos, como le dijo Mark Darcy a Bridget Jones.

Como dijo Stitch: “Ohana significa familia, y la familia nunca te abandona ni te olvida”, y yo diría: “Las verdaderas amistades nunca te abandonan ni te olvidan”. Yo las tengo. Me han sostenido en mis peores momentos. Las convoco, las honro. Mi corazón es su casa..

Algunas batallas no hay que darlas porque son pura necedad. “Como darle patadas a un caballo muerto, esperando que se levante”, escribió en twitter la periodista salvadoreña Mariana Belloso

Y como dijo mi Wislawa Szymborska, poeta polaca, para aquellas personas con las que no compartimos el verdadero sentido de la amistad: “Debo mucho

a quienes no amo. El alivio con que acepto que son más queridos por otro. La alegría de no ser yo el lobo de sus ovejas”.

Y aunque duela perder a ciertas personas, hay que reconocerle a la sociología el concepto de “agencia”: todos somos capaces de elegir reconocer o no nuestros errores, reparar o no nuestros vínculos, anteponer la amistad al orgullo.

Pero no todos los seres humanos pensamos lo mismo y está bien.

Las personas no son mercancía, las personas no son intercambiables, no son desechables. La amistad tampoco.

Ojalá muchos nos uniéramos para hacer frente al verdadero enemigo común: los retrocesos democráticos, el avance de los grupos antiderechos y las ultraderechas, en vez de estarle poniendo velas a los egos individualistas.

Gracias a todas las amistades que me apoyan y creen en mí cuando yo dudo de mí. A todos los demás, como dicen los letreros de las costers: “Tu castigo es verme”.


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