Lucky y el padre obsceno: la lectura de Marlon Javier López sobre el imperativo del goce y la falsa libertad que sostiene nuestro tiempo
En este ensayo, Marlon Javier López se adentra en Lucky como quien abre una grieta en el presente para observar el pulso ideológico que lo sostiene. La serie se convierte en un territorio donde el padre obsceno, el imperativo del goce y la fragilidad del Nombre del Padre revelan su tensión más cruda. Lucky huye, duda, pregunta; su historia es el eco de una época donde la autoridad ya no prohíbe, sino que exige exhibición, exceso, desborde. López traza un recorrido que va de Lacan a Brecht, del superego contemporáneo al autoritarismo que se disfraza de libertad, para mostrar cómo la ausencia simbólica del padre abre paso a una atmósfera opresiva que se siente en todas partes. Al final, Lucky —y con ella el lector— descubre que la única salida es romper con la figura obscena que promete goce y produce culpa. Un texto que ilumina, incomoda y deja resonando la pregunta que atraviesa toda la serie: ¿qué quiere el Otro de mí?
ARTÍCULOS Y EDITORIALESSEPTIEMBRE 2026
Marlon López
9/18/20265 min read


Lucky y el padre obsceno: la lectura de Marlon Javier López sobre el imperativo del goce y la falsa libertad que sostiene nuestro tiempo
Por Marlon Javier López
Para el psicoanálisis la ausencia del padre conlleva el colapso del orden social. El psicoanálisis lacaniano, sin embargo, no habla del padre real sino del padre simbólico. El Nombre del Padre constituye el sistema de normas que regulan un orden social determinado; es un orden de prohibición. Sin embargo, esta figura se ve amenazada por la emergencia de otra figura mucho más oscura: el padre obsceno. Lacan desarrolla esta lógica a partir de su interpretación de la obra de Freud Totem y Tabú, donde el padre obsceno es asesinado, generando la culpa en la tribu, por lo cual esta reinstaura el Nombre del Padre como una figura respetable que se debe venerar.
Pero Lacan dice que las cosas son al revés, es el Nombre del Padre lo que viene primero. Sin este, el goce que mantiene unida la tribu no es posible. ¿Qué sucede cuando el padre obsceno emerge? Para saberlo no debemos ir demasiado lejos, la constelación ideológica predominante hoy en día es justamente la del reinado del padre obsceno, representado en figuras como Donald Trump. Obsceno aquí es entendido como una figura cuyo mandato se articula en torno, no a una prohibición, sino a la exteriorización de todo aquello que debería permanecer oculto. Su autoridad emana de un excesivo goce, en lugar de la simple prohibición que caracteriza a la autoridad tradicional.
El mandato promovido por este tipo de autoridad es el de gozar. A primera impresión, se trata de una liberación del deseo, con todo su potencial emancipador. Sin embargo, para entender apropiadamente las consecuencias que surgen cuando el padre obsceno se hace presente, echemos una mirada a la miniserie de televisión Lucky, recientemente lanzada en julio de 2026.
La serie, protagonizada por Anya Taylor Joy quien actúa como Lucky, comienza con ella y su esposo celebrando, tras un robo exitoso. En la mañana, tras despertar, Lucky se da cuenta que su esposo la ha abandonado, llevando consigo una maleta con 10 millones de dólares. Ella se ve obligada a huir tanto de la mafia, a quien el dinero le pertenece, como del FBI. Varios capítulos después, Lucky tiene la oportunidad de confrontar a su esposo, Cary, quien le explica que la abandonó para proteger su vida. Sin embargo, antes de que puedan continuar discutiendo, son sorprendidos por el FBI, viéndose obligados a huir. Cary muere durante la persecución, dejando a Lucky devastada y con más problemas de los que ya poseía (El dinero ahora parece haberse perdido completamente).
El padre de Lucky, John, quien actúa como una especie de consejero suyo, se encuentra en prisión. A lo largo de la serie vemos que se encuentra atento y preocupado por los problemas que enfrenta su hija. No se trata, sin embargo, de un padre tradicional sino de un “Padre Obsceno”. Esto último es revelado no solamente porque está en prisión, sino en un pasaje que representa una reflexión filosófica moral de primer nivel. Lucky ocupa la posición de la histeria, su actitud es completamente diferente a la de su esposo. Este último cree que las cosas, en última instancia, podrán encontrar una resolución final. La posición de la histeria, al contrario, es la de la duda radical. El histérico se pregunta ¿Qué quiere el otro de mí? Lucky no simplemente se pregunta si podrá salir bien librada sino ¿Soy una buena persona?
La escena a la que he aludido nos muestra a Lucky de pequeña haciendo esta pregunta a su padre, quien, resumiendo, responde que la moral es una simple convención social. Ella parece satisfecha con la respuesta. A primera impresión parece que la duda radical está del lado del padre, mientras que la hija solo busca respuestas. Sin embargo, esta perspectiva es descartada por una frase añadida por John: tenemos que hacer lo que tengamos que hacer para sobrevivir.
En este punto debemos recordar que el imperativo del superego contemporáneo es ¡“goza”! ¿No es acaso en nuestras coordenadas ideológicas actuales, con su desenfrenado consumismo, etc., precisamente este el valor más importante? El goce, para el psicoanálisis, no es un simple placer, es también una experiencia dolorosa. Asimismo, el superego no es una instancia benevolente que ofrece paz, de tal modo que, si seguimos sus imperativos, cualesquiera que estos sean: “obedece”, “sé amable”, “reza todos los días”, seremos invadidos por una paz interior. La paradoja del superego es que entre más nos entregamos a él más culpables nos sentimos, entre más nos esforzamos por seguir sus órdenes, menos capaces nos sentimos de ello.
Se dice que Bertolt Brecht al ser preguntado por su opinión ante los inocentes asesinados por el estalinismo respondió “¡entre más inocentes son, más merecen ser fusilados!”. Esta idea captura muy bien la consecuencia de entregarse al imperativo del superego. Entre más nos entregamos a él más somos bombardeados con demandas imposibles y más lejos nos sentimos de él. Esto explica por qué una persona completamente entregada a cualquier religión debe sufrir. Como dijo Kierkegaard, el camino del cristianismo no es un camino de paz sino un salto de fe lleno de ansiedad, temor y temblor.
Tras la muerte de su esposo vemos a Lucky profundamente desconsolada. En una taberna establece una conversación con un desconocido, quien sufre porque no pudo estar en el cumpleaños de su hija. La respuesta de Lucky no puede ser más Brechtiana: “El hecho que estés preocupado por ello, probablemente significa que no hay nada de lo que debas estar preocupado”.
Esta es la enseñanza que podemos extraer, desde un punto de vista psicoanalítico, de esta serie. Aunque la madre de Lucky no aparece (En el psicoanálisis el superego está representado por la madre) su sofocante presencia se hace sentir a través del imperativo superyoico que le mandata gozar: “¡si quieres dinero tómalo! No permitas que las normas morales te impidan gozar”. Esto explicaría la ausencia de la madre en la serie y no viceversa: ¡no la vemos en ninguna parte precisamente porque está en todas partes! Este imperativo, así como la obscena presencia del padre primordial, no producen liberación, sino una atmósfera totalitaria opresiva. Es por esta razón que Lucky, al final de la serie, se da cuenta que debe liberarse de su padre, por lo cual lo abandona. Simbólicamente pues, ¡Lucky mata a su padre! Lo cual le permitiría restituir al Nombre del Padre, integrándose con ello al orden social. Tal es el estado ideológico dominante en la sociedad actual, lejos de conducirnos a un escenario de plena libertad, la pseudo noción de libertad que surge con el padre obsceno, conduce al pleno autoritarismo. No es casual entonces que el autoritarismo sea lo que se esté actualmente imponiendo en todo el mundo.
