Marcelex: la poeta que escribe desde el cansancio, la herida ancestral y la lucidez que arde en los márgenes

Hay voces que no llegan para decorar el mundo, sino para abrirlo. La poesía de Marcelex nace desde ese lugar: un territorio donde el cuerpo es archivo, donde la memoria familiar se vuelve un animal que respira, donde el cansancio cotidiano adquiere un espesor casi sagrado. Sus poemas se mueven entre turnos de trabajo, ataques de ira heredados, noches de insomnio y una sensibilidad que observa el mundo desde la fisura. En su escritura, la madre es un eco que atraviesa siglos; el trabajo, un espacio donde el tiempo no alcanza ni para llorar; el cuerpo, un instrumento que registra ansiedad, humo, azúcar, alcohol, luna. Marcelex pertenece a una generación que creció entre la posguerra y el vértigo digital. Su voz es marginal, testaruda, luminosa en su crudeza. Escribe desde la precariedad, desde la neurodivergencia no diagnosticada, desde la ternura que insiste incluso cuando todo arde.

POESÍA Y NARRATIVA MAYO 2026MAYO 2026

Revista Cinco SV

5/30/20263 min read

Marcelex: una poeta que escribe desde el cansancio estructural, la herencia emocional y la lucidez que solo nace en los márgenes

Algo sobre mí

El periodismo me da trabajo y la comedia me da vida. Tengo una licenciatura en Economía por la Universidad Centroamericana “José Simeón Cañas” (UCA). Soy observadore participante por pasión. Sé que estoy en el espectro neurodivergente, pero no puedo costearme un diagnóstico preciso. Soy bailarine por convicción, músique por tradición, no binarie por alguna razón y salvadoreñe por nacimiento.

Pertenezco a la generación de posguerra y estoy atrapade entre les millennials y la generación Z (1996). La televisión y luego el internet me criaron; de este último disfruto sus tendencias estéticas como los backrooms, los espacios liminales, el dreamcore y el terror analógico, pero también me encanta la estética del transporte público salvadoreño.

Mi pasatiempo es platicar sin parar durante horas y, cada noche, sin falta, sueño con el mar. Me gusta escribir poesía y llevar un diario.

50 minutos no alcanzan para llorar

una vida porque la vida Sigue.

reviso el saldo de mi tarjeta de crédito:

no me alcanza para café.

tomo mi frazada

y me encierro junto al cansancio

de las demás trabajadoras que fingen descansar, que cierran sus ojos

y duermen

cómo se duerme una extremidad.

El hormigueo,

la ansiedad,

el rasgueo insistente de una guitarra desafinada,

nada de lo que escribo me sacia

nada de lo que digo me vacía Fuck el espejo,

fuck la cámara,

fuck la pantalla,

fuck el sueño recurrente

en el que una niebla gruesa nubla y cubre toda mi visión.

CANSANCIO,

con mayúscula,

cansancio serio,

cansancio grave,

ojos

inyectados en sangre,

de lágrimas,

de marihuana,

de tabaco,

de cafeína,

de azúcar,

de alcohol

La lengua herida por lamer tantas heridas

y la luna

redonda,

lejana seduce,

se esconde

me pregunta

y susurra la guerra.

Mamá tiene ataques de ira

en los que pellizca mi mano y no la suelta.

Retuerce sus dedos en dirección a las agujas de reloj

y confiesa todos los pecados que la atravesaron a lo largo de los siglos.

Se someta quien se someta,

ella canta siempre la misma canción, atenuada y sucia,

marginal, obsoleta, testaruda.

Reclama sin descanso

las vitrinas del palacio que no le fueron concedidas,

desata ira cuando recita los veranos del esclavo,

cuyo semblante palpita una

y otra

y otra vez

Hasta que aterriza,

en desconcierto,

sobre un tiempo minado con árboles bestiales

vestidos de azul en su máximo esplendor.

¿Por qué?

¿Por qué me habitás?

¿Por qué me esperás?

Seguí, tu camino marchito

ya ha decidido por vos.

Deseo que el fénix me susurre

que al águila le ha crecido el pico

después de un largo aislamiento y autoflagelo

Con el ardor de las quemaduras

que el horizonte dejó en su pecho

Si lo busco, me huye

Si le huyo, me busca.

Si amo,

me aman,

si me aman, amo.

que dar es recibir

pero también recibir es dar

porque

cuando te recibo entre mis piernas

te doy el privilegio

de deleitarte hasta chuparte los dedos.

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