Selección de poemas de Moisés Alvarado en Revista Cinco poesía salvadoreña contemporánea regreso del periodista a la escritura
Moisés Alvarado regresa a la poesía después de años dedicado al periodismo. Estos poemas son los primeros ejercicios de una voz que reaparece con la calma de quien ha vivido la fragua del oficio y la urgencia del tiempo. Entre la filigrana de una mano que trabaja y la telaraña que atrapa la tarde, Alvarado construye imágenes que son a la vez íntimas y públicas: la memoria como paisaje, el fracaso como materia poética, la palabra como refugio y arma. Publicada en Revista Cinco, esta selección invita a leer despacio, a reconocer la belleza en lo cotidiano y a sostener la poesía como acto de resistencia y comunidad.
JULIO 2026POESÍA Y NARRATICA JULIO2026
Elizabeth Sicilia
7/21/20263 min read


Selección de poemas de Moisés Alvarado en Revista Cinco poesía salvadoreña contemporánea regreso del periodista a la escritura
Algo sobre mí
Escribió sus primeros poemas a los 15 años. Dejó de hacerlo en algún momento después de cumplir los veinte. Durante tres lustros trabajó como periodista y publicó en medios locales e internacionales, como la revista Séptimo Sentido de La Prensa Gráfica, Salud con Lupa y Gato Encerrado. Desde finales de 2025, ejercer esa profesión se ha vuelto inviable en El Salvador. Ahora se gana la vida con diversos trabajos independientes. En esta época de prueba, la poesía ha vuelto a ocupar su lugar como prioridad en su vida. Estos ejemplos son sus primeros ejercicios al retomar su voz.
Sin mucha fe, decido postular.
Y con octavas reales, porque sí.
Tras que este canto ignoren al pasar,
cual de gorrión el vuelo entre neblí,
parco y solo, en mi rústico solar,
diré que al menos yo me divertí
brindando, a mi naufragio de este día,
firme estructura, suave melodía.
¿Quién soy? Vaya pregunta sin respuesta.
O, al menos, verdadera: periodista
salvadoreño, bota siempre puesta
para hundirse en el lodo, un escapista
con quince raudos años en la cuesta.
Soy también el fracaso y la conquista,
lo que queda del tiempo y el espanto.
Mi estruendo y mi silencio: soy mi canto.
En seda audible, mar en calma, rosa
entre el verdor, me está dado mudar
la voz que leve vibra; o en luctuosa
canción, la negra noche. Levantar
desde la nada un mundo; ser la cosa
que crea y sus criaturas; atrapar
con la mano un instante y que, así atado,
arda, florezca y arda, me está dado.
Tornar en alta música el dolor
de mi cuerpo y de mi alma; darle al fuego
rostro humano; a la muerte, el fiel sabor
de la mañana. (Poco vale el pliego
de mis dones. La plaza es de gestor
de unas redes sociales). Hoy les ruego
que no olviden mi nombre. Es mi utopía
que algún día me ampare la poesía.
Su luz teje la araña. Sopla un viento
de agua que torna en mar embravecido
la finísima red que se ha urdido
para atrapar miradas y alimento.
Resiste a un punto atada este violento
oleaje en la terraza suspendido.
A lo lejos, la tarde se ha encendido
y es fuego de la araña el aposento.
Múltiple es, de su cuerpo, este milagro
emergido: liviana arquitectura
que del abismo pende o fiel espejo
del cielo y sus prodigios, aparejo
también para tornar el aire en su agro.
¡Oh, filigrana henchida de hermosura!
La nieve de tu piel es luz de luna
congelada en la gracia de tu mano
(ingrávida criatura que de humano
rostro torna en esclava a la fortuna).
La misma que las flores, una a una,
prolija acopla en fértil y ungueal llano,
sin fatiga podría, de Vulcano,
capitanear la fragua, ardua y bruna.
La mano que trabaja también besa.
Su tacto es el del cielo. Ella entrelaza
la noche de la mía y de la nada
emanan las estrellas. Todo arrasa
este dulce calor que suave apresa
mi mano de la tuya enamorada.






